¿Qué pasó después?

Luego de develar el misterio de aquella antigua foto, Eduardo continuó con los trámites tropezando reiteradamente con diferentes obstáculos, hasta que finalmente logró hacerse de la nueva ciudadanía. Sobre la tapa del viejo piano, que ya nadie toca, sigue la antigua fotografía con un nuevo marco. A pesar de que el niño, fuera un ilustre desconocido, hacía tanto que se encontraba en el decorado familiar, que a nadie, nunca se le ocurrió desecharla. Por ese entonces, los integrantes más jóvenes del clan comenzaban a cursar la universidad, se extrañaban los juegos de mancha y escondida y el cantito: "Queremos comer, queremos comer". Las reuniones continuaban sábado por medio en la casa de María, dónde Eduardo había crecido, pero con menos integrantes, el plantel estable estaba integrado por la abuela María y Sus tres hijos con sus parejas actuales, Eduardo el único que seguía con su primer mujer. Los compromisos sociales, los estudios y los amoríos hacia que la presencia juven...